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Historia
del Señor de los Milagros
En el siglo XVII, unos negros de la casta de los angola, constituyeron
una cofradía en el barrio de Pachacamilla, llamado así,
porque allí habitaron unos indígenas de la zona prehispánica
del dios Pachacamac. Este barrio de la Ciudad de los Reyes, donde
actualmente se yergue el Monasterio de las Nazarenas, casa del Señor
de los Milagros, fue llamado también de la Santa Cruz, pues
allí por 1624 se pintó una Cruz, como símbolo
de protección, ante las amenazas de invadir Lima, el pirata
Jacobo L´Hermite Clerk. Corrían los años de
1651 y uno de los angoleños pintó sobre el muro del
lugar, la imagen del Señor Crucificado para orar, presidir
las reuniones de la cofradía y presentarle ofrendas. Así
de simple y con gran sencillez, nace la imagen de mayor devoción
limeña y símbolo del Perú. El muro en que se
pintó era en el terreno de Hernán Gonzales y servía
de medianera con la casa huerta de Don Diego Tebes Montalvo Manrique
de Lara.
En
el lienzo aparece Jesús crucificado. Sobre la cruz,
el Espíritu Santo y el Padre. A la derecha del Señor,
Su Santísima madre con su corazón traspasado
por una lanza de dolor y Su derecha, el fiel Apóstol
San Juan. Además de su hermosura, el lienzo es una
maravillosa representación de las verdades de nuestra
fe.
Tiempo después por los años de 1670, el lugar
quedó abandonado y Antonio de León, vecino del
barrio, decidió tributarle culto, poniendo por techo
una pobre ramada y por altar una mesa de adobes. El Señor
premió este gesto sanándole de una cruel enfermedad.
A este primer devoto muchos le hicieron compañía
en su devoción al Crucificado; y viendo que el Señor
les favorecía con visibles favores, establecieron cada
viernes por la noche, romerías con música y
cajón.
El
13 de noviembre de 1655, a las 2:45 de la tarde, un fuerte
terremoto sacudió a Lima y Callao haciendo caer muchos
edificios y causando miles de muertos. Los angoleños
que eran ya muy pobres sufrieron muchísimo. Todas las
paredes de su cofradía se cayeron. Pero en medio de
aquello aparece el gran milagro: El muro de adobe con la imagen
del Cristo permaneció en pie perfectamente preservada
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