La Palabra de Dios

La Santa Eucaristía

La Eucaristía es el más importante de los sacramentos, de donde salen y hacia el que van todos los demás, centro de la vida litúrgica, expresión y alimento de la comunión cristiana.

En nuestra Misión Católica Nuestra Señora de Guadalupe en Montreal podemos alimentarnos de Dios participando en las misas de Martes a Viernes a 5.30 p.m.  los sábado a 6.30 pm  y  los domingos en la misas de 10 a.m. 11,30. a.m. y a 1 p.m.

También podemos adorar la santa Eucaristía los jueves de 6 p. m. a 8 p.m. un momento muy especial que nos permite estar directamente en presencia del Señor. Puedes pasara a saludarlo, ofrecerle tus alegrías tus angustias, unos minutos son suficientes si lo ofreces con amor y fe.

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La Eucaristía es la consagración del pan en el Cuerpo de Cristo y del vino en su Sangre que renueva mística y sacramentalmente el sacrificio de Jesucristo en la Cruz. La Eucaristía es Jesús real y personalmente presente en el pan y el vino que el sacerdote consagra. Por la fe creemos que la presencia de Jesús en la Hostia y el vino no es sólo simbólica sino real; esto se llama el misterio de la transubstanciación ya que lo que cambia es la sustancia del pan y del vino; los accidente—forma, color, sabor, etc.— permanecen iguales.

Son varios los caminos por los que podemos acercarnos al Señor Jesús y así vivir una existencia realmente cristiana, es decir, según la medida de Cristo mismo, de tal manera que sea Él mismo quien viva en nosotros (ver Gál 2,20). Una vez ascendido a los cielos el Señor nos dejó su Espíritu. Por su promesa es segura su presencia hasta el fin del mundo (ver Mt 28, 20). Jesucristo se hace realmente presente en su Iglesia no sólo a través de la Sagrada Escritura, sino también, y de manera más excelsa, en la Eucaristía.

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¿Qué quiere decir Jesús con “venid a mí”? Él mismo nos revela el misterio más adelante: “Yo soy el pan de vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, el que crea en mí no tendrá nunca sed.” (Jn 6, 35). Jesús nos invita a alimentarnos de Él. Es en la Eucaristía donde nos alimentamos del Pan de Vida que es el Señor Jesús mismo.

La recepción de Jesucristo sacramentado bajo las especies de pan y vino en la sagrada Comunión significa y verifica el alimento espiritual del alma. Y así, en cuanto que en ella se da la gracia invisible bajo especies visibles, guarda razón de sacramento. Jesús al instituir la Eucaristía le confiere intrínsecamente el valor sacramental pues a través de ella Él nos transmite su gracia, su presencia viva. Por ello, la Eucaristía es el más importante de los sacramentos, de donde salen y hacia el que van todos los demás, centro de la vida litúrgica, expresión y alimento de la comunión cristiana.

  • Sacramento de Unidad. Al referirnos a la Eucaristía como Comunión, estamos proclamando nuestra unión entre todos los cristianos y nuestra adhesión a la Iglesia con Jesús. Por ello, la Eucaristía es un sacramento de unidad de la Iglesia, y su celebración sólo es posible donde hay una comunidad de creyentes.
  • Sacramento del amor fraterno. La misma noche que Jesús instituyó la Eucaristía, instituyó el mandamiento del amor. Por lo tanto, la Eucaristía y el amor a los demás tienen que ir siempre juntos. Jesús instituye la Eucaristía como prueba de su inmenso amor por nosotros y pide a los que vamos a participar en ella, que nos amemos como El nos amó. Y, en este sentido, la Eucaristía tiene que estar necesariamente antecedido por el Sacramento de la Reconciliación pues el recibir el “alimento de vida eterna” exige una reconciliación constante con los hermanos y con Dios Padre.

 

Adviento

Preparemonos a la llegada de la esperanza y la luz eterna, el nacimiento de Jesus,  Dios hecho hombre. Este hecho es la mayor prueba de amor hacia la humanidad.  

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El Evangelio  de San Lucas describe los hechos 

26 Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, 27 a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. 28 Y entrando, le dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.”  29 Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo.
30 El ángel le dijo: “No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; 31 vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. 32 El será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; 33 reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.”
34 María respondió al ángel: “¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?”
35 El ángel le respondió: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. 36 Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, 37porque ninguna cosa es imposible para Dios.”
38 Dijo María: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.” Y el ángel dejándola se fue.
39 En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; 40 entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. 41 Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo; 42y exclamando con gran voz, dijo: “Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; 43 y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? 44 Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno.

45 ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!” 46 Y dijo María: “Engrandece mi alma al Señor 47 y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador 48 porque  ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, 49 porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre 50 y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen.

 

En el evangelio,

os como un don gratuito. De los que son como ellos es el Reino de Dios, dice Jesús.

Es necesario que nuestra experiencia cristiana sea verdaderamente una realidad de acogida y de amor para todos aquellos que son excluidos por los sistemas injustos e inhumanos que imperan en el mundo. Nuestra tarea fundamental es incluir a todos aquellos que la sociedad ha desechado porque no se ajustan al modelo de ser humano que se han propuesto. Si nos reconocemos como verdaderos seguidores de Jesús, es necesario comenzar a trabajar por la humanidad que a los débiles de este mundo se les ha arrebatado.

P. Fernando Ferrera, cmf.

San José un ejemplo de padre

 

EL PADRE  UN PILAR EN LA FAMILIA

 

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Para todos los padres por su día, le dedicamos una reflexión que esperamos sea de su agrado. Dirigido a nuestros padres de la Hermandad del Señor de los Milagros y a los padres del mundo entero!

La palabra padre esta designada en primer lugar para nuestro amado Dios, siendo el ser más perfecto de los perfectos, el más Santo de los Santos y el Único y verdadero padre de quien procede todo.

Hemos querido comenzar esta reflexión poniendo en primer lugar a nuestro amado Dios porque siendo él, el más grande y todopoderoso, ha dejado compartir ese título con cada una de las personas que tienen la gracia de ser llamados “Padres”. Así como Dios nos ama infinitamente, dejó para nosotros un gran modelo a seguir, estamos hablando de nuestro venerable San José, padre de nuestro amadísimo Jesús y esposo fidelísimo de nuestra madre María Santísima.

Dios eligió a José, siendo un gran ejemplo de sencillez, quien demuestra a todos los padres de hoy, modernos o no,  que sí se puede seguir a Dios, en todo momento y en cualquier época en la que nos encontremos. José nos enseña cómo ser un hombre de fe, de oración, de justicia, de fidelidad y de incansable amor hacia su hijo Jesús y su esposa María.

Para José lo primero en su vida era Dios, por ello cuando se le invita a ser parte del plan de salvación, él no repara en ser el más obediente y seguir la voluntad de Dios, claro está después de su esposa nuestra madre María.

Tengamos en cuenta, cuánta dicha ha de haber tenido José cuando se enteró que su hijo era Jesús,  el hijo de Dios! Imaginémonos por un momento esa alegría, José un simple hombre había sido elegido para ser modelo de padre de Jesús… qué enorme felicidad!… ahora pensemos también en la gran responsabilidad que conllevó el aceptar ser el custodio del hijo de Dios…

Hermanos, tengamos en cuenta que antes, hoy y seguramente mañana las cosas no han sido, no son y no serán fáciles para nadie, por ello cuando hablamos de un real modelo les presentamos lo que hizo José para mostrarles que sí es posible ser un buen padre. Para José, todo lo que provenía de Dios era bueno y es así como lo demuestra aceptando su voluntad y formando una sagrada familia junto a María y Jesús.

Cuánto amor tiene José!… véanlo ahora en la respuesta inmediata que tiene  “cuando un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: “José, descendiente de David, no tengas miedo de tomar a María por esposa, porque el hijo que espera es obra del Espíritu Santo” (Mateo 1, 20), cuánto desprendimiento, cuánta valentía y cuánto respeto hacia la Santísima Virgen María.

Un hombre como José no puede pasar desapercibido, el ser padre en la tierra de Jesús le dio la oportunidad de enseñarle con paciencia y calma todo lo que él había recibido de sus padres y de Dios. Podemos decir que Jesús fue el más amado porque tenía a María como madre y a José como padre terrenal y a Dios como padre celestial.

No debemos olvidar que José era carpintero, él nunca dejó sus obligaciones como padre de familia. Su perseverancia en la oración y su gran fe, hacen de él un ejemplo extraordinariamente sencillo a seguir.

En la actualidad, muchos creen que seguir un modelo como José es pasado de moda, pero en realidad es muy actual. La biblia nos muestra cómo José respetó y amó a María  y a su hijo Jesús. Siempre fue fiel a su palabra, porque el compromiso que tenía con su familia era ante todo con Dios. Él se responsabilizó en cuidar a Jesús y a María, se mantuvo casto y fue su protector. José era en todo sentido un verdadero hombre y un verdadero Padre de Familia. Por ello, él siguió adelante más allá de las dificultades: como tener que ir a Belén con María para cumplir con sus deberes civiles (censarse) estando María a punto de dar a luz; luego tuvo que aceptar que su hijo llegue al mundo en un establo, además tener que huir a Egipto para salvar a Jesús adaptándose a nuevas costumbres, y soportar el dolor de haber perdido a Jesús de regreso a Nazaret en el templo, así muchos obstáculos que están escritos en la biblia, nos demuestran que para José no fue nada fácil ser el modelo que hoy se le otorga, el de ser un buen padre para Jesús.

Así como José, el padre de hoy, pasa por muchos inconvenientes en la vida que hacen que ser padre sea en ocasiones muy duro, la diferencia es que para José, Dios siempre fue el centro de su familia, es decir en el primer lugar. José confiaba en Dios completamente e hizo todo lo que estuvo a su alcance para que Jesús tuviera todo, así como muchos padres de hoy lo hacen con sus hijos… pero para José el todo era el amor que compartía con su hijo, el servicio, el sacrificio, el trabajo, el tiempo, el consejo, el ejemplo, el cariño, el coraje, la valentía, la esperanza, la fe y sobre todo la alegría de saber que cada día camino a casa iba a ser llamado Papá.

Así nos sucede actualmente, hacemos todo por nuestros hijos… pero le estamos dando lo más importante a nuestros hijos? Les enseñamos a nuestros hijos a amar a Jesús como José lo amaba? Ofrecemos todos nuestros sacrificios a Dios por el bien de nuestros hijos? Tenemos tiempo de calidad con nuestros hijos como lo tenía José con Jesús? Amamos a nuestros hijos como José amó a Jesús? Esas respuestas son seguramente para todos los padres de mucha alegría o quizás no…

El amor de un padre es sumamente importante en la educación de un hijo, no sólo porque la sociedad te lo exija en que debes estar presente sino que es el amor el que te lleva a darlo todo por aquellos a quienes más amas. El amor siempre tiene un destino y no es egoísta al contrario siempre es compartido por más de una persona.

José nos enseña a ser un padre ejemplar que aun no teniendo más hijos con María recibe el mayor y más maravilloso de los regalos en su vida: el ser Padre de Jesús, y hoy tú también tienes uno, dos, tres o quizás más hijos que te llenan de felicidad y que te consagran a ser también Padre.

Existen muchas cosas en común entre José y el padre de hoy. Tú y José tienen una gran misión: amar a su hijo Jesús y que les enseñes a su vez a tus hijos a amarlo. Tú y José protegen a sus hijos, se sacrifican, velan por ellos, los defienden, cambian si es necesario, oran y son pacientes con ellos, juegan y se desprenden de lo que más les gusta para darles alegría. Sueñan con llegar a casa para verlos y rezan para que no vayan por el mal camino. Todas estas cosas y más han sido vividas por nuestro amado San José, así tú también lo vives hoy, ser padre te llena de muchas satisfacciones, por ello tenemos que tener en cuenta que ser padre no lo es cualquiera, ser padre es un título que se gana día a día, con tristezas y alegrías, con dudas y aciertos, con lágrimas y consuelos y también con caídas y triunfos.

José siendo un hombre que seguía siempre la voluntad de Dios, nos ofrece ahora a su hijo Jesús. Tú que hoy tienes todo lo que tienes, así como José ofréceselo todo a Dios y di: te entrego hoy Señor mi vida, mi cambio, mi salud, mi trabajo, mis estudios, mi familia y sobretodo te entrego a nuestros hijos.

Así como José, pidámosle al Señor tener más fe, a ser perseverante en la oración, a continuar a pesar de la dificultades, a seguir en los momentos de tormenta, a dejarnos guiar por Dios, a mostrarnos siempre humildes, a querer ser el ejemplo real teniendo a Dios en el primer lugar de nuestra vida.

A José le dieron a Jesús y a María, a ti te dieron a tus hermosos hijos y a tu esposa; anda no tengas miedo y guíalos a ser hombres de Dios para que cuando seas llamado y te toque partir de este mundo, tengas la gracia de ver a Dios y mostrarle todo el amor que le has dado a tus hijos, a tu esposa y a tu familia.

Animo Papá,  un título compartido por el gran amor que tiene Dios sobre el hombre, sólo es correspondido con amor, un amor sin dudas, sin límites, sólo amor,  ya que de ese gran amor nos han regalado a San José como el ejemplo de hombre y padre que fue y que es.

Gracias a todos los padres que siguen el ejemplo de José y para aquellos que van a hacerlo desde hoy gracias por decidirse a hacerlo! Ustedes saben que nunca es tarde para seguir a Dios, porque como José lo único que siempre deseaba era amar más y más a su hijo Jesús y a su esposa María.

Queremos agradecerles a todos por leer esta sencilla y humilde reflexión. Recuerden que Dios les ama muchísimo y que la hermandad del Señor de  los Milagros desea siempre mostrar el amor de Jesús hacia todos nosotros.

FELIZ DÍA A TODO LOS PAPIS DEL MUNDO LOS AMAMOS!

 

 

Jesús y el divorcio

¿Eres de los que fomentan la paz, la unidad y la fidelidad en el matrimonio o eres de aquellos que busca destruir matrimonios y familias cristianas?

LO QUE DIOS HA UNIDO QUE NO LO SEPARE EL HOMBRE

En el evangelio, los fariseos ponen a prueba a Jesús preguntándole qué pensaba sobre el divorcio y si era lícito repudiar a una mujer. La respuesta de Jesús es significativa cuando caemos en cuenta de que, tanto en el judaísmo como en el mundo grecoromano, el repudio era algo muy corriente y estaba regulado por la ley. Si Jesús respondía que no era lícito, estaba contra la ley de Moisés. Por eso les devuelve la pregunta y les dice que la ley de Moisés es provisional y que ahora se han inaugurado los tiempos de la plenitud en los que la vida se construye desde un orden social nuevo, en el que el hombre y la mujer forman parte de la armonía y el equilibrio de la creación. La novedad de esta afirmación de Jesús saltaba a la vista; en su interpretación desautorizaba no sólo las opiniones de los maestros de la ley que pensaban que a una mujer se le podía repudiar incluso por una cosa tan insignificante como dejar quemar la comida, sino incluso, relativizaba la misma motivación de la ley de Moisés. Además tiraba por tierra las pretensiones de superioridad de los fariseos, que despreciaban a la mujer, como despreciaban a los niños, a los pobres, a los enfermos, al pueblo.

Nuevamente, al defender a la mujer, Jesús se ponía de parte de los rechazados, los marginados, los ‘sin derechos’.

Pero como los discípulos en esto compartían las mismas ideas de los fariseos, no entendieron y, ya en casa, le preguntaron sobre lo que acababa de afirmar. Jesús no explicó mucho más, simplemente les amplió las consecuencias de aquello: “Quien repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio contra la primera; y lo mismo la mujer: si repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio”.

El segundo episodio de nuestro evangelio nos presenta un altercado de Jesús con sus discípulos porque ellos no permiten que los niños se acerquen a Jesús para que él los bendiga. Los discípulos pensaban que un verdadero maestro no se debía entretener con niños porque perdía autoridad y credibilidad. Decididamente algo no era claro en ellos.

No acababan de asimilar las actitudes de Jesús ni los criterios del Reino. Y Jesús se enojó con ellos; su paciencia también tenía límites y si algo no toleraba era el desprecio hacia los marginados. Y les dijo con mucha energía: dejen que los niños se me acerquen. ¿Con qué derecho se lo impiden, cuando el Padre ha decidido que su Reinado sea precisamente en favor de ellos? ¿No entienden todavía que en el Reino de Dios las cosas se entienden totalmente al contrario que en el mundo?

Los niños que no pueden reclamar méritos, carecen de privilegios y no tienen poder, son ejemplo para los discípulos, porque están desprovistos de cualquier ambición o pretensión egoísta y por eso pueden acoger el Reino de Dios como un don gratuito. De los que son como ellos es el Reino de Dios, dice Jesús.

Es necesario que nuestra experiencia cristiana sea verdaderamente una realidad de acogida y de amor para todos aquellos que son excluidos por los sistemas injustos e inhumanos que imperan en el mundo. Nuestra tarea fundamental es incluir a todos aquellos que la sociedad ha desechado porque no se ajustan al modelo de ser humano que se han propuesto. Si nos reconocemos como verdaderos seguidores de Jesús, es necesario comenzar a trabajar por la humanidad que a los débiles de este mundo se les ha arrebatado.

P. Fernando Ferrera, cmf.